sábado, 17 de diciembre de 2016

MEDITACIÓN CCCLIII (18 DE DICIEMBRE)



MEDITACIÓN CCCLIII
(18 DE DICIEMBRE)

De la tristeza. 




Punto 1°.- No abandonéis vuestra alma a la tristeza, dice el Sabio, ni os aflijáis vos mismo en vuestros pensamientos. Hay momentos en la vida en que el corazón está, por decirlo así, en la amargura y en la tristeza. El remedio a tan gran mal, es primeramente, examinar la causa de él. ¿Vuestra tristeza no vendrá; 1°. De que sois esclavo de una o muchas pasiones que no podéis satisfacer; 2°. De la impaciencia o de la multiplicidad de vuestros deseos; 3°. De algún acontecimiento desagradable que turbe la serenidad de vuestros días? Si no amaráis nada con preferencia a Dios, nada sería capaz de entristeceros. No nos afligimos sino de la privación o de la pérdida de un bien que nos es querido; y el que ama a Dios no le pierde jamás, si no quiere perderle; ni se ve alejado de Él si no le abandona.       
 
Punto 2°.- El segundo medio de desterrar la tristeza es recurrir a Dios: Si alguno de vosotros está en la tristeza que ore. Mi alma, dice el profeta, rechazaba todo consuelo; he pensado en Dios y me he regocijado. No es pues, dice San Agustín, en la disipación de los objetos exteriores y en los vanos entretenimientos del siglo donde se debe buscar un remedio a la tristeza; sino en el recogimiento del hombre interior; dentro de sí mismo, en ése retiro del corazón que está destinado a la meditación y a la oración.   


Oración Universal 
Para servir de preparación a la lectura de esta obra (rezar diario al término de cada meditación).

Dios mío, yo creo en vos, fortificad mi fe; espero en vos, asegurad mi esperanza; os amo, redoblad mi amor; me arrepiento de haber pecado, aumentad mi arrepentimiento. 

Yo os adoro como a mi primer principio, os deseo como a mi último fin, os doy gracias, como a mi perpetuo bienhechor, y os invoco como a mi soberano defensor. 

Dios mío, dignaos arreglarme por vuestra sabiduría, sostenerme por vuestra justicia, consolarme por vuestra misericordia y protegerme por vuestro poder

Yo os consagro mis pensamientos, mis palabras y mis acciones, a fin de que de ahora en adelante no piense sino en Vos, no hable sino de Vos y no sufra sino por Vos. 

Señor yo quiero lo que vos queréis, porque vos lo queréis, como vos lo queréis y por el tiempo que vos lo queréis. 

Yo os suplico que ilustréis mi entendimiento, inflaméis mi voluntad, purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma. 

Dios mío, ayudadme a expiar mis pecados pasados, a vencer las tentaciones venideras, a corregir las pasiones que me dominan y a practicar las virtudes que me convienen. 

Llenad mi corazón de ternura por vuestras bondades, de aversión por mis culpas, de celo para con mi prójimo y de desprecio por el mundo. 

Que yo procure, ¡Oh Señor! Ser sumiso para con mis superiores, caritativo con mis inferiores, fiel con mis amigos e indulgente con mis enemigos. 

Venid a mi socorro ¡oh Dios mío! para poder vencer la sensualidad con la mortificación, la avaricia con la limosna, la ira con la dulzura, y la tibieza con la devoción.  

Dios mío, hacedme prudente en las empresas, animoso en los peligros, paciente en las adversidades y humilde en la prosperidad. 

No permitáis que olvide nunca el juntar la atención en mis oraciones, la templanza en mis comidas, la exactitud en mis empleos y la constancia en mis resoluciones. 

Señor, inspiradme el cuidado de tener siempre una conciencia recta, un exterior modesto una conversación edificante y una conducta regular. 

Que yo me aplique sin cesar a dominar la naturaleza, a secundar la gracia, a guardar la fe y a merecer la salvación

Dios mío, descubridme cuanta es la pequeñez de la tierra, la grandeza del cielo, la brevedad del tiempo y lo largo de la eternidad.   

Haced que me prepare para la muerte, que tema vuestro juicio, que evite el infierno y que obtenga en fin la bienaventuranza por Jesucristo Nuestro Señor.

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