jueves, 15 de diciembre de 2016

MEDITACIÓN CCCLI (16 DE DICIEMBRE)



MEDITACIÓN CCCLI
(16 DE DICIEMBRE)  

De la ingratitud para con Dios.




Punto 1°.- Nada hay más justo que el agradecimiento para con Dios. ¿Qué tenemos que no lo hayamos recibido de Él? ¿Quién nos ha hecho ricos y de comodidades, si acaso las tenemos? ¿Quién nos ha dado la salud y la fuerza, si gozamos de ellas? ¿Quién nos ha preservado de mil males desconocidos que solo Dios ha podido saber que nos amenazaban, y de los cuales ha querido librarnos por una gracia que su amor generoso oculta a nuestra gratitud dejándonosla ignorar?   
 
Punto 2°.- Nada hay más raro que el agradecimiento para con Dios. ¿Quién es el que piensa en sus beneficios? ¿Quién es el que se ocupa de ellos? Nos jactamos de ser agradecidos para con los hombres, y nos avergonzaríamos de pasar por ingratos; y sólo queremos serlo para con Dios, es decir, para aquel a quien debemos gratitud, o más bien a quien sólo la debemos toda entera, puesto que las gracias que recibimos de los hombres son también efecto de su bondad. Hacemos más todavía; revolvemos sus beneficios contra Dios mismo, y solo nos servimos de ellos para más ofenderle.     


Oración Universal 
Para servir de preparación a la lectura de esta obra (rezar diario al término de cada meditación).

Dios mío, yo creo en vos, fortificad mi fe; espero en vos, asegurad mi esperanza; os amo, redoblad mi amor; me arrepiento de haber pecado, aumentad mi arrepentimiento. 

Yo os adoro como a mi primer principio, os deseo como a mi último fin, os doy gracias, como a mi perpetuo bienhechor, y os invoco como a mi soberano defensor. 

Dios mío, dignaos arreglarme por vuestra sabiduría, sostenerme por vuestra justicia, consolarme por vuestra misericordia y protegerme por vuestro poder

Yo os consagro mis pensamientos, mis palabras y mis acciones, a fin de que de ahora en adelante no piense sino en Vos, no hable sino de Vos y no sufra sino por Vos. 

Señor yo quiero lo que vos queréis, porque vos lo queréis, como vos lo queréis y por el tiempo que vos lo queréis. 

Yo os suplico que ilustréis mi entendimiento, inflaméis mi voluntad, purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma. 

Dios mío, ayudadme a expiar mis pecados pasados, a vencer las tentaciones venideras, a corregir las pasiones que me dominan y a practicar las virtudes que me convienen. 

Llenad mi corazón de ternura por vuestras bondades, de aversión por mis culpas, de celo para con mi prójimo y de desprecio por el mundo. 

Que yo procure, ¡Oh Señor! Ser sumiso para con mis superiores, caritativo con mis inferiores, fiel con mis amigos e indulgente con mis enemigos. 

Venid a mi socorro ¡oh Dios mío! para poder vencer la sensualidad con la mortificación, la avaricia con la limosna, la ira con la dulzura, y la tibieza con la devoción.  

Dios mío, hacedme prudente en las empresas, animoso en los peligros, paciente en las adversidades y humilde en la prosperidad. 

No permitáis que olvide nunca el juntar la atención en mis oraciones, la templanza en mis comidas, la exactitud en mis empleos y la constancia en mis resoluciones. 

Señor, inspiradme el cuidado de tener siempre una conciencia recta, un exterior modesto una conversación edificante y una conducta regular. 

Que yo me aplique sin cesar a dominar la naturaleza, a secundar la gracia, a guardar la fe y a merecer la salvación

Dios mío, descubridme cuanta es la pequeñez de la tierra, la grandeza del cielo, la brevedad del tiempo y lo largo de la eternidad.   

Haced que me prepare para la muerte, que tema vuestro juicio, que evite el infierno y que obtenga en fin la bienaventuranza por Jesucristo Nuestro Señor.

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