lunes, 7 de noviembre de 2016

MEDITACIÓN CCCXIII (8 de NOVIEMBRE)

MEDITACIÓN CCCXIII
(8 de NOVIEMBRE) 

De la certidumbre de la muerte.  



Punto 1°.- La certidumbre de la muerte debe despegarnos, 1°. De las riquezas y de las pompas del siglo; puesto que si nos acompañan hasta el sepulcro, no nos seguirán en el sepulcro; 2°. De los honores del mundo; que a lo más pueden servir para adornar un sepulcro sin procurar ninguna distinción al que está allí encerrado; 3°. De amistades humanas y apasionadas; puesto que aquellos que más hemos amado, serán quizá los primeros en olvidarnos, una vez que nos hayan perdido de vista.    


Punto 2°.- Sobre la certidumbre de la muerte, debe un cristiano arreglar las más importantes deliberaciones de su vida. Grandes del mundo, ahora se os mira como los dioses de la tierra: Ego dixit: Dii estis et filii excelsi omnes (Sal 81,6). Sin embargo, moriréis como los últimos hombres: Verum tamen sicut homines moriemini (Sal 81,7). Y si fijáis vuestra atención en esta miseria, si antes de tomar un partido, vais, por decirlo así, al consejo de la muerte, escogeréis siempre lo que sea más ventajoso para vuestra salvación; rechazaréis todo lo que  podría causaros inquietud, y abrazaréis todo lo que podrá consolaros en el último día de vuestra vida.     

Oración Universal


Para servir de preparación a la lectura de esta obra (rezar diario al término de cada meditación).

Dios mío, yo creo en vos, fortificad mi fe; espero en vos, asegurad mi esperanza; os amo, redoblad mi amor; me arrepiento de haber pecado, aumentad mi arrepentimiento. 

Yo os adoro como a mi primer principio, os deseo como a mi último fin, os doy gracias, como a mi perpetuo bienhechor, y os invoco como a mi soberano defensor. 

Dios mío, dignaos arreglarme por vuestra sabiduría, sostenerme por vuestra justicia, consolarme por vuestra misericordia y protegerme por vuestro poder

Yo os consagro mis pensamientos, mis palabras y mis acciones, a fin de que de ahora en adelante no piense sino en Vos, no hable sino de Vos y no sufra sino por Vos. 

Señor yo quiero lo que vos queréis, porque vos lo queréis, como vos lo queréis y por el tiempo que vos lo queréis. 

Yo os suplico que ilustréis mi entendimiento, inflaméis mi voluntad, purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma. 

Dios mío, ayudadme a expiar mis pecados pasados, a vencer las tentaciones venideras, a corregir las pasiones que me dominan y a practicar las virtudes que me convienen. 

Llenad mi corazón de ternura por vuestras bondades, de aversión por mis culpas, de celo para con mi prójimo y de desprecio por el mundo. 

Que yo procure, ¡Oh Señor! Ser sumiso para con mis superiores, caritativo con mis inferiores, fiel con mis amigos e indulgente con mis enemigos. 

Venid a mi socorro ¡oh Dios mío! para poder vencer la sensualidad con la mortificación, la avaricia con la limosna, la ira con la dulzura, y la tibieza con la devoción.  

Dios mío, hacedme prudente en las empresas, animoso en los peligros, paciente en las adversidades y humilde en la prosperidad. 

No permitáis que olvide nunca el juntar la atención en mis oraciones, la templanza en mis comidas, la exactitud en mis empleos y la constancia en mis resoluciones. 

Señor, inspiradme el cuidado de tener siempre una conciencia recta, un exterior modesto una conversación edificante y una conducta regular. 

Que yo me aplique sin cesar a dominar la naturaleza, a secundar la gracia, a guardar la fe y a merecer la salvación

Dios mío, descubridme cuanta es la pequeñez de la tierra, la grandeza del cielo, la brevedad del tiempo y lo largo de la eternidad


Haced que me prepare para la muerte, que tema vuestro juicio, que evite el infierno y que obtenga en fin la bienaventuranza por Jesucristo Nuestro Señor.

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