martes, 28 de junio de 2016

MEDITACIÓN CLXXXI (29 DE JUNIO)



MEDITACIÓN CLXXXI
(29 DE JUNIO)

Sobre la distinción de lo necesario, y de lo superfluo.




Punto 1°.- Un cristiano debe mirar esta distinción como uno de los objetos más importantes de su atención y de sus escrúpulos. 1°. No siendo más que el dispensador y el ecónomo de los bienes que posee, será responsable en el juicio de Dios del uso que haya hecho de ellos. 2°. En este juicio el mismo Dios hará la distinción de lo necesario y de lo superfluo; y se dirá que el uno pertenecía al rico, y que el otro era debido todo entero a los pobres. Es pues de la mayor importancia para la salvación del rico, el saber distinguir exactamente el uno del otro; puesto que si empleas en su uso este superfluo que no le pertenece, sería condenado en el tribunal de Dios como un administrador infiel.

Punto 2°.- Esta distinción está fundada. 1°. En las exigencias esenciales e indispensables de la condición; 2°. En la cantidad de las rentas. Todas las veces que el gasto pase alguno de estos dos límites, o los dos a la vez, es un gasto superfluo, y por consiguiente, todo lo que gastéis en ello pertenece al pobre. La sola cualidad de rico, no es pues un título suficiente para autorizar las grandes prodigalidades; supone solamente un superfluo más considerable, y por consiguiente, una obligación estricta de aliviar mayor número de pobres, o de procurarles mayores socorros.   



Oración Universal

Para servir de preparación a la lectura de esta obra (rezar diario al término de cada meditación).

Dios mío, yo creo en vos, fortificad mi fe; espero en vos, asegurad mi esperanza; os amo, redoblad mi amor; me arrepiento de haber pecado, aumentad mi arrepentimiento. 

Yo os adoro como a mi primer principio, os deseo como a mi último fin, os doy gracias, como a mi perpetuo bienhechor, y os invoco como a mi soberano defensor. 

Dios mío, dignaos arreglarme por vuestra sabiduría, sostenerme por vuestra justicia, consolarme por vuestra misericordia y protegerme por vuestro poder

Yo os consagro mis pensamientos, mis palabras y mis acciones, a fin de que de ahora en adelante no piense sino en Vos, no hable sino de Vos y no sufra sino por Vos. 

Señor yo quiero lo que vos queréis, porque vos lo queréis, como vos lo queréis y por el tiempo que vos lo queréis. 

Yo os suplico que ilustréis mi entendimiento, inflaméis mi voluntad, purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma. 

Dios mío, ayudadme a expiar mis pecados pasados, a vencer las tentaciones venideras, a corregir las pasiones que me dominan y a practicar las virtudes que me convienen. 

Llenad mi corazón de ternura por vuestras bondades, de aversión por mis culpas, de celo para con mi prójimo y de desprecio por el mundo. 

Que yo procure, ¡Oh Señor! Ser sumiso para con mis superiores, caritativo con mis inferiores, fiel con mis amigos e indulgente con mis enemigos. 

Venid a mi socorro ¡oh Dios mío! para poder vencer la sensualidad con la mortificación, la avaricia con la limosna, la ira con la dulzura, y la tibieza con la devoción.  

Dios mío, hacedme prudente en las empresas, animoso en los peligros, paciente en las adversidades y humilde en la prosperidad. 

No permitáis que olvide nunca el juntar la atención en mis oraciones, la templanza en mis comidas, la exactitud en mis empleos y la constancia en mis resoluciones. 

Señor, inspiradme el cuidado de tener siempre una conciencia recta, un exterior modesto una conversación edificante y una conducta regular. 

Que yo me aplique sin cesar a dominar la naturaleza, a secundar la gracia, a guardar la fe y a merecer la salvación

Dios mío, descubridme cuanta es la pequeñez de la tierra, la grandeza del cielo, la brevedad del tiempo y lo largo de la eternidad

Haced que me prepare para la muerte, que tema vuestro juicio, que evite el infierno y que obtenga en fin la bienaventuranza por Jesucristo Nuestro Señor.

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