lunes, 22 de febrero de 2016

MEDITACIÓN LIV (23 DE FEBRERO)

MEDITACIÓN LIV
(23 DE FEBRERO) 
 
Sobre los escándalos que dan algunas veces las personas consagradas a Dios.



Punto 1°.- Éstas faltas no deben disminuir nuestro respeto por la religión. Es verdad que la concupiscencia de los ojos, la concupiscencia de la carne y el orgullo de la vida penetran algunas veces hasta en el lugar santo: las pasiones humanas si no son reprimidas vienen al fin a corromper la sal de la tierra, y a sumergir en las tinieblas del pecado a aquellos que deben ser la luz del mundo. Los impíos triunfan con esto, y concluyen de aquí, que la piedad no es más que una máscara engañosa y la religión una quimera. Mas el verdadero fiel juzga de otra manera: distingue sabiamente lo que viene de Dios y lo que viene del hombre, y sabe que lo que viene del hombre, muchas veces no es más que fragilidad y desarreglo, y que lo que viene de Dios es siempre puro, siempre santo y siempre respetable.

Punto 2°.- Deben inspirarnos un temor saludable, a la vista de estos deplorables efectos de la fragilidad humana. El verdadero fiel se dice a sí mismo: si unos hombres especialmente consagrados a Dios están sujetos a tantas debilidades, ecce qui serviunt ei non sunt stabiles: si echa de ver iniquidad hasta en sus ángeles, et in angelis suis reperit pravitatem, ¿Qué no deberé temer por mi salvación, yo, cuya virtud vacilante y mal asegurada se encuentra expuesta en medio del mundo a tantos peligros y a tan diversas tentaciones?   


Oración Universal

Para servir de preparación a la lectura de esta obra (rezar diario al término de cada meditación).

Dios mío, yo creo en vos, fortificad mi fe; espero en vos, asegurad mi esperanza; os amo, redoblad mi amor; me arrepiento de haber pecado, aumentad mi arrepentimiento. 

Yo os adoro como a mi primer principio, os deseo como a mi último fin, os doy gracias, como a mi perpetuo bienhechor, y os invoco como a mi soberano defensor. 

Dios mío, dignaos arreglarme por vuestra sabiduría, sostenerme por vuestra justicia, consolarme por vuestra misericordia y protegerme por vuestro poder

Yo os consagro mis pensamientos, mis palabras y mis acciones, a fin de que de ahora en adelante no piense sino en Vos, no hable sino de Vos y no sufra sino por Vos. 

Señor yo quiero lo que vos queréis, porque vos lo queréis, como vos lo queréis y por el tiempo que vos lo queréis. 

Yo os suplico que ilustréis mi entendimiento, inflaméis mi voluntad, purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma. 

Dios mío, ayudadme a expiar mis pecados pasados, a vencer las tentaciones venideras, a corregir las pasiones que me dominan y a practicar las virtudes que me convienen. 

Llenad mi corazón de ternura por vuestras bondades, de aversión por mis culpas, de celo para con mi prójimo y de desprecio por el mundo. 

Que yo procure, ¡Oh Señor! Ser sumiso para con mis superiores, caritativo con mis inferiores, fiel con mis amigos e indulgente con mis enemigos. 

Venid a mi socorro ¡oh Dios mío! para poder vencer la sensualidad con la mortificación, la avaricia con la limosna, la ira con la dulzura, y la tibieza con la devoción.  

Dios mío, hacedme prudente en las empresas, animoso en los peligros, paciente en las adversidades y humilde en la prosperidad. 

No permitáis que olvide nunca el juntar la atención en mis oraciones, la templanza en mis comidas, la exactitud en mis empleos y la constancia en mis resoluciones. 

Señor, inspiradme el cuidado de tener siempre una conciencia recta, un exterior modesto una conversación edificante y una conducta regular. 

Que yo me aplique sin cesar a dominar la naturaleza, a secundar la gracia, a guardar la fe y a merecer la salvación

Dios mío, descubridme cuanta es la pequeñez de la tierra, la grandeza del cielo, la brevedad del tiempo y lo largo de la eternidad

Haced que me prepare para la muerte, que tema vuestro juicio, que evite el infierno y que obtenga en fin la bienaventuranza por Jesucristo Nuestro Señor

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