sábado, 29 de octubre de 2016

MEDITACIÓN CCCIV (30 de Octubre)

MEDITACIÓN CCCIV

(30 de Octubre) 

De la alianza que todo cristiano ha contraído con Dios 
por las promesas del bautismo.


Punto 1°.- Estas promesas han formado entre Dios y nosotros, una alianza indisoluble, aunque otros hayan sido los que las hicieron en nuestro nombre. ¿El juramento inviolable que liga a los súbditos con su soberano, no está comprendido en el que otros han prestado entre sus manos? No es pues necesario que lo hayamos prestado nosotros mismos, basta que los primeros jefes del Estado lo hayan pronunciado por nosotros. Y así, estamos ligados por este juramento desde el primer momento de nuestro nacimiento, ¿y estaríamos menos ligados al Rey del cielo por las promesas que otros han hecho por nosotros en el bautismo, de que lo estamos a los que ha puesto para gobernarnos sobre la tierra?  
 
Punto 2°.- Los mundanos tienen en nada las obligaciones del bautismo. Se imaginan que para estar obligados con Dios por promesas irrevocables, es necesario recibir el sacerdocio o abrazar el estado religioso. Pero se engañan; y todas las veces que les acontece renunciar al culto y al servicio de Dios por satisfacer sus pasiones, tenemos derecho a decirles: violáis vuestro juramento, y no sois fieles a vuestros propósitos y a vuestras promesas.


 Oración Universal

Para servir de preparación a la lectura de esta obra (rezar diario al término de cada meditación).

Dios mío, yo creo en vos, fortificad mi fe; espero en vos, asegurad mi esperanza; os amo, redoblad mi amor; me arrepiento de haber pecado, aumentad mi arrepentimiento. 

Yo os adoro como a mi primer principio, os deseo como a mi último fin, os doy gracias, como a mi perpetuo bienhechor, y os invoco como a mi soberano defensor. 

Dios mío, dignaos arreglarme por vuestra sabiduría, sostenerme por vuestra justicia, consolarme por vuestra misericordia y protegerme por vuestro poder

Yo os consagro mis pensamientos, mis palabras y mis acciones, a fin de que de ahora en adelante no piense sino en Vos, no hable sino de Vos y no sufra sino por Vos. 

Señor yo quiero lo que vos queréis, porque vos lo queréis, como vos lo queréis y por el tiempo que vos lo queréis. 

Yo os suplico que ilustréis mi entendimiento, inflaméis mi voluntad, purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma. 

Dios mío, ayudadme a expiar mis pecados pasados, a vencer las tentaciones venideras, a corregir las pasiones que me dominan y a practicar las virtudes que me convienen. 

Llenad mi corazón de ternura por vuestras bondades, de aversión por mis culpas, de celo para con mi prójimo y de desprecio por el mundo. 

Que yo procure, ¡Oh Señor! Ser sumiso para con mis superiores, caritativo con mis inferiores, fiel con mis amigos e indulgente con mis enemigos. 

Venid a mi socorro ¡oh Dios mío! para poder vencer la sensualidad con la mortificación, la avaricia con la limosna, la ira con la dulzura, y la tibieza con la devoción.  

Dios mío, hacedme prudente en las empresas, animoso en los peligros, paciente en las adversidades y humilde en la prosperidad. 

No permitáis que olvide nunca el juntar la atención en mis oraciones, la templanza en mis comidas, la exactitud en mis empleos y la constancia en mis resoluciones. 

Señor, inspiradme el cuidado de tener siempre una conciencia recta, un exterior modesto una conversación edificante y una conducta regular. 

Que yo me aplique sin cesar a dominar la naturaleza, a secundar la gracia, a guardar la fe y a merecer la salvación

Dios mío, descubridme cuanta es la pequeñez de la tierra, la grandeza del cielo, la brevedad del tiempo y lo largo de la eternidad


Haced que me prepare para la muerte, que tema vuestro juicio, que evite el infierno y que obtenga en fin la bienaventuranza por Jesucristo Nuestro Señor.

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