viernes, 28 de octubre de 2016

MEDITACIÓN CCCII (28 de Octubre)


MEDITACIÓN CCCII
(28 de Octubre) 


Sobre la recaída en el pecado.   



Punto 1°.- Id, decía el Salvador, y no pequéis más. Porque la recaída en el pecado es muchas veces la señal de una falsa penitencia. Y lo es principalmente, cuando la recaída es: 1°. Pronta, y que se pasa casi sin intervalo de la penitencia al pecado; 2°. Cuando no es precedida de ningún remedio, ni precaución para preservarse de ella; 3°. Cuando es tan frecuente que no se echa de ver ninguna disminución en el número de las faltas; 4°. Cuando no es seguida de ningún remordimiento, y que están tan tranquilos en su pecado como si no hubieran prometido a Dios renunciar a él para siempre

Punto 2°.- Si habéis recaído en vuestro pecado, no os alejéis del sacramento de la penitencia, porque este alejamiento os conduciría infaliblemente a la impenitencia final. Una recaída produce otra, un pecado facilita otro pecado; y toda la vida no es más que un encadenamiento de crímenes y desordenes. Cada día ve nacer nuevos monstruos, nuevos excesos de libertinaje y de impiedad. Siempre en guerra con Dios, siempre rebelde a sus mandamientos, van acumulando deuda sobre deuda sin pagar nada; y así se pierden sin remedio en el abismo. Si el justo cae siete veces, dice el Sabio, vuelve a levantarse, y por esto llega a ser justo, y adquiere al fin el hábito de no volver a caer


Oración Universal

Para servir de preparación a la lectura de esta obra (rezar diario al término de cada meditación).

Dios mío, yo creo en vos, fortificad mi fe; espero en vos, asegurad mi esperanza; os amo, redoblad mi amor; me arrepiento de haber pecado, aumentad mi arrepentimiento. 

Yo os adoro como a mi primer principio, os deseo como a mi último fin, os doy gracias, como a mi perpetuo bienhechor, y os invoco como a mi soberano defensor. 

Dios mío, dignaos arreglarme por vuestra sabiduría, sostenerme por vuestra justicia, consolarme por vuestra misericordia y protegerme por vuestro poder

Yo os consagro mis pensamientos, mis palabras y mis acciones, a fin de que de ahora en adelante no piense sino en Vos, no hable sino de Vos y no sufra sino por Vos. 

Señor yo quiero lo que vos queréis, porque vos lo queréis, como vos lo queréis y por el tiempo que vos lo queréis. 

Yo os suplico que ilustréis mi entendimiento, inflaméis mi voluntad, purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma. 

Dios mío, ayudadme a expiar mis pecados pasados, a vencer las tentaciones venideras, a corregir las pasiones que me dominan y a practicar las virtudes que me convienen. 

Llenad mi corazón de ternura por vuestras bondades, de aversión por mis culpas, de celo para con mi prójimo y de desprecio por el mundo. 

Que yo procure, ¡Oh Señor! Ser sumiso para con mis superiores, caritativo con mis inferiores, fiel con mis amigos e indulgente con mis enemigos. 

Venid a mi socorro ¡oh Dios mío! para poder vencer la sensualidad con la mortificación, la avaricia con la limosna, la ira con la dulzura, y la tibieza con la devoción.  

Dios mío, hacedme prudente en las empresas, animoso en los peligros, paciente en las adversidades y humilde en la prosperidad. 

No permitáis que olvide nunca el juntar la atención en mis oraciones, la templanza en mis comidas, la exactitud en mis empleos y la constancia en mis resoluciones. 

Señor, inspiradme el cuidado de tener siempre una conciencia recta, un exterior modesto una conversación edificante y una conducta regular. 

Que yo me aplique sin cesar a dominar la naturaleza, a secundar la gracia, a guardar la fe y a merecer la salvación

Dios mío, descubridme cuanta es la pequeñez de la tierra, la grandeza del cielo, la brevedad del tiempo y lo largo de la eternidad


Haced que me prepare para la muerte, que tema vuestro juicio, que evite el infierno y que obtenga en fin la bienaventuranza por Jesucristo Nuestro Señor.
    

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